A partir de algún comentario en una entrada anterior dedicada a explicar la carencia de verbo ser en aymara pareció surgir algún cuestionamiento a la afirmación primaria que da título al presente artículo. Mantenemos lo dicho y aprovechamos para atar algún cabo suelto.

ser o no ser
Conjugando el verbo ser
Hace algún tiempo alguien me expuso sus dudas: “si el aymara no tiene verbo ser, entonces ¿qué es esto?” Y resultaba que “esto” no era otra cosa que ¡un modelo de conjugación del verbo ser en las 4 personas! Veámoslo.
[1]
1. nayätwa | Yo soy
2. jumätawa | Tú eres
3. jupawa | Él/Ella es
4. jiwasätanwa | Nosotros (tú también) somos
La sorpresa no dura mucho si uno tiene un ojo atento a las inconsistencias de [1]. La principal es la siguiente: en cualquier verbo, como por ejemplo manq’aña (es: comer,) uno espera encontrar una raíz léxica seguida de al menos un sufijo de flexión (hemos subrayado los sufijos). En el siguiente ejemplo [2] marcamos en negrita la raíz del verbo tanto en aymara como en castellano.
[2]
manq'aña | comer
1. manq'twa | como
2. manq'tawa | comes
3. manq'iwa | come
4. manq'tanwa | comemos (tú también)
Así pues vemos las raíces manq’- y com- encabezando invariablemente las formas conjugadas de los verbos manq’aña y comer respectivamente. Esto es lo natural en aymara y resulta serlo también en castellano. Guiándonos por esta norma en aymara vemos que la “conjugación” presentada en [1] tiene una apariencia muy extraña que contrasta fuertemente con la conjugación de manq’aña que hemos presentado después en [2]. En efecto, según [1] ¿alguien podría decir cuál es la raíz aymara del verbo ser? ¿es naya, es juma, o jupa, o acaso jiwasa? Ninguna de ellas pues naya, juma, jupa y jiwasa resultan ser proformas (pronombres, para entendernos) equivalentes a yo, tú, él/ella y nosotros respectivamente.
De hecho no podemos encontrar la raíz verbal en la supuesta conjugación dada en [1] porque ella no representa al paradigma de ningún verbo. Entonces, si no estamos ante un verbo ¿ante qué nos encontramos? Nos hallamos ante una estructura muy típica de esta lengua aymara que constituye lo que Hardman llama semiverbo.
Semiverbos
No vamos a entrar en los detalles de los semiverbos aymaras. Aquí solamente cabe decir que se trata de una estructura que permite tratar como si fueran verbos a raíces que no son verbales en absoluto (a nombres, por ejemplo). El mecanismo que hace esto posible se llama tematización y permite que la lengua aymara sea muy flexible en el campo de la formación de nuevos “verbos” con significados que en castellano ciertamente tendrían traducciones complejas, verbigracia: wawanïña (es: tener un hijo), imillakïña (es: ser solamente una niña), markamankaña (es: estar en tu pueblo), jiwasäña (es: ser nosotros) pero también, como vimos, nayäña (es: ser yo) o jumäña (es: ser tú). Podemos inventar miles de estas construcciones semiverbales y, lo que es más interesante, podemos conjugarlas correctamente.
[3]
markamankaña | estar en tu pueblo
1. markamanktwa | yo estoy en tu pueblo
2. markamanktawa | tú estás en tu pueblo
3. markamankiwa | él/ella está en tu pueblo
4. markamanktanwa | nosotros estamos en tu pueblo
También podemos volver a mirar [1] con otros ojos y descubrir que dicha conjugación es en realidad un collage fabricado a partir de 4 estructuras semiverbales distintas, a saber: nayätwa (de nayäña), jumätawa (de jumäña), jupawa (de jupäña) y jiwasätanwa (de jiwasäña). Incluso podemos conjugar alguna de estas.
[4]
nayäña | ser yo
1. (nayax) nayätwa | (yo) soy yo
2. (jumax) nayätawa | (tú) eres yo
3. (jupax) nayawa | (él/ella) es yo
4. (jiwasax) nayätanwa | (nosotros) (también tú) somos yo
Conclusión
En aymara no existe el verbo ser. Como hemos visto, en esta lengua es muy fácil formar construcciones para expresar que “se es X” o que “se está en X” pero es imposible decir, como en castellano, que simplemente “se es”, de ahí la ausencia de verbo ser. Habrá notado el lector que los infinitivos se forman fácilmente con el sufijo –ña añadido a algo que ya era un verbo, como ese manq’aña que ya vimos, o a algo que no lo era, como markachirïña (es: ser ciudadano). Se ve muy claramente que sería imposible formar el infinitivo de tal verbo pues el sufijo –ña tiene que estar siempre unido a una raíz o a un tema verbales. La morfosintaxis aymara obliga a “ser eso”, “ser aquello” o, en definitiva, “ser alguna cosa” pero no admite un “ser” vacío de referencias. Si lo que pretendemos decir es que algo existe, para eso —ya lo veremos— hay otros verbos.

