El aymara estandarizado parece algo que solo puede interesar a los académicos pero, de forma práctica ¿lo necesitamos realmente? ¿qué ventajas aportaría el estándar Mayachata? ¿sin él tenemos más o tenemos menos posibilidades de mantener viva la lengua?
Los aymaras contemporáneos tenemos un vicio que se escribe con nueve letras: fatalismo. Con respecto a la lengua, hay dos maneras de ser un verdadero aymara fatalista.
¿Se puede hacer algo por las lenguas propias andinas? Sí se puede. De hecho, sostengo desde hace bastante tiempo que todo aquello que sirva para desfolclorizar las lenguas propias americanas sirve a su vez para conservarlas vivas aunque sea dos días más, o quince minutos, o treinta segundos más…
Usar la imaginación a veces es posibilista, otras veces es autocomplaciente y me gustaría que esta vez fuera un acto de rebeldía crítica imaginando las noticias en versión boliviana.
Nelson C. es solamente un modesto profesor boliviano de aymara, sin embargo él representa la gran amenaza que acabará con el idioma. ¿Cómo es posible esto? Muy fácil: porque, cada día, todos nosotros nos vamos pareciendo más a él.
Conocidísimo tema del grupo boliviano Awatiñas. Un gran acierto y un gran éxito. Mayata Tunkaru, creo que no exageramos, indujo en una generación el deseo de aprender a contar en aymara del uno al diez. Parece poco, sí, pero ya hicieron más por el idioma que la EBI y la EIB juntas.