Verbo “ser” en aymara

Dice el evangelio cristiano algo así como que al que llama se le abrirá y que quien busca encontrará. Sin duda es ese un punto de vista voluntarista que ha hecho mucho bien en dos mil años y, colateralmente, ha causado asimismo algún que otro desastre debido a la obstinación recalcitrante de unos pocos optimistas porque sí convencidos de que —la cosa es buscar— puede hallarse hasta lo que no existe. Este y no otro es el caso del verbo ser en el idioma de Tupax Katari, es decir, en aymara.

A quien escribe, acostumbrado a algunas lenguas europeas, esta característica (la ausencia del verbo ser) que acaso es meramente anecdótica, y sin duda no es exclusiva del aymara, siempre le ha parecido notablemente idiosincrásica y digna de más publicidad, al menos entre cosmovisiólogos y otros buscadores de esencias profundas. La presencia del mencionado verbo en la otra lengua mayor de los Andes aún viva, el quechua, produce un contraste que no hace sino reafirmar una idea que llevamos años sosteniendo: no todos los pueblos crean en piedra, o en grandes ciudades, o en jeroglíficos, o en el arte de tallar el jade, pero sí crean todos los pueblos sin excepción —minuciosa y genialmente— sobre su lengua, lo cual convierte al idioma de cualquier pequeña sociedad amazónica en un patrimonio monumental similar a las Pirámides o al complejo templario de Angkor Vatt. Para quien escribe, sin darle a la ausencia del verbo ser un carácter definitivo que tampoco tiene, sí constituye ésta un símbolo de las innovaciones ejercidas durante siglos por los pueblos aymarahablantes sobre los idiomas aymaras, que han ido actuando como un registro fiel de las mismas y que han llegado hasta nuestros días a través de la lengua aymara altiplánica.

Alguien puede estar preguntándose cómo funciona un idioma sin el verbo ser. Es difícil imaginarse una lengua carente de expresiones tan comunes y necesarias como “soy tu padre”, “eran cinco arrobas de trigo” o “¿es agua buena?”. Pareciera que, de no existir, habría que inventarlo. Bueno, pues los aymarahablantes del pasado no sólo no lo inventaron sino que, al parecer, llegaron a desinventarlo, pues hay lingüistas como Cerrón que sostienen que el aymara contemporáneo aún conserva restos de un pasado en el que tal verbo sí habría existido.

Uno lamenta tener que detener en seco a aquellos que —el asunto es propicio a ello— ya hayan empezado a lanzarse a disquisiciones de altos vuelos sobre Filosofía del Lenguaje. En realidad las tres expresiones propuestas más arriba como corrientes, y casi como necesarias, lo son también en aymara. De hecho tienen traducciones simples que no requieren circunloquio alguno. Entonces ¿dónde está la ausencia del verbo ser? Simplemente, la forma de codificar en aymara “expresiones con el verbo ser” es muy diferente a la de las lenguas de Europa. Veamos:

[1] (es:) la casa es grande

Expresiones como [1] tienen un claro patrón: A es B. Esto quiere decir que el hablante atribuye a A lo expresado por B. En el ejemplo propuesto se atribuye a la entidad llamada casa el ser grande. Se podría atribuir otras cosas a la casa, como por ejemplo [2].

[2] (es:) esa casa es embajada

Como vemos en [2], B no necesariamente tiene que ser un adjetivo. Puede ser un nombre. Nada raro, hay muchas embajadas que funcionan en casas. El patrón representado por el molde A es B se puede entender como A = B. De este modo se representa mejor la función ecuativa (hacer equivaler dos términos) que cumple aquí el verbo ser: A es B, A equivale a B, esa casa equivale a una embajada. Podemos extender los ejemplos a otras personas gramaticales: “tú eres policía” (tú = policía), “nosotros somos inocentes” (nosotros = inocentes), etc.

Bien, vemos que el verbo ser, en la estructura descrita, cumple una función muy clara. Vamos a llamarla función copulativa. Además, vamos a llamar copulativo a este verbo, tal como hace la gramática que a mí me enseñaban de niño en la escuela. Parece claro que la función copulativa queda muy bien representada mediante la fórmula ya vista: A = B.

Resulta que esta función copulativa, en español y en todas las lenguas europeas que conozco, ha sido asignada a verbos como el verbo ser. Al parecer, un verbo haciendo tareas copulativo-atributivas es algo que se pierde en la noche de los tiempos para los europeos, pues los lingüistas históricos que conocemos como indoeuropeístas proponen reconstrucciones, suponemos que serias, del verbo ser original en protoindoeuropeo, la presunta lengua madre de las principales lenguas de Europa y la India, así como de varias lenguas importantes de Oriente Medio en el pasado.

Ahora vayamos a ver qué tiene que decirnos el aymara. Es indudable que una función tan básica como la copulativa tiene que existir en este idioma, y de hecho existe. Lo contrario sí convertiría al aymara en objeto de estudio de los filósofos del lenguaje, y principalmente en una lengua bastante exótica. Pero hay dos elementos que diferencian la solución aymara de la solución indoeuropea:

  • En aymara, la función copulativa no la cumple ningún verbo (modo europeo). Se implementa mediante sufijos. Teniendo en cuenta que todo el peso de la gramática descansa en una morfología sufijante, no debe sorprendernos la solución.
  • En aymara la función copulativa se encuentra dispersa y no concentrada. Por tanto, buscarla en un solo sufijo o en un conjunto reducido de ellos es inútil. Es algo que puede ser más semántico que morfosintáctico.

Ahora que la curiosidad está en su punto álgido, veamos algunos ejemplos en aymara:

[3] (ay:) jupa.xa  warmi.ja.wa
          ella.TOP mujer.mi.VAL
    (es:) ella es mi esposa

Aquí [3] podría hacernos pensar que el sufijo -wa es el “verbo ser”. Nada más lejos de la realidad. Tal sufijo es quizá el más versátil y polivalente de todo el idioma, cosa que dificulta sobremanera el definir exactamente qué hace. Desde luego no es un sustituto unívoco del verbo ser que conocemos, aunque sí aparecerá recurrentemente en estructuras copulativas. Pero ocurre lo siguiente:

[4] (ay:) jupa.wa  warmi.ja.xa
          ella.VAL mujer.mi.TOP
    (es:) ella es mi esposa

En [3] y [4] observamos que tenemos jupa (ay: él, ella) y warmi (ay: mujer, esposa) pero no hay verbo alguno, sino dos sufijos -xa y -wa que además mudan su posición fácilmente. Esto ha llevado a algunos a plantear que quizá “el verbo ser” sea una estructura xa + wa (nótese que, a pesar de la patente ausencia de lexema verbal, siempre hay quien se empecina en usar el término verbo). Bueno, pudiera ser pero…

[5] (ay:) jupa.ti  warmi.ja.xa
          ella.INT mujer.mi.TOP
    (es:) ¿ella es mi esposa?

Añadamos la circunstancia de que este nuevo sufijo -ti tiene costumbres migratorias similares a las vistas en [3] y [4]. En realidad esto nos va a pasar con todos los sufijos oracionales, una especialidad del idioma aymara.

[6] (ay:) jupa.xa  warmi.ja.ti
          ella.TOP mujer.mi.INT
    (es:) ¿ella es mi esposa?

Podemos complicar nuestra existencia todo lo que queramos. No es difícil.

[7] (ay:) kawkïri.sa warmi.ja.xa
          cuál.INT   mujer.mi.TOP
    (es:) ¿cuál es mi esposa?

A decir verdad, los ejemplos presentados donde los sufijos intercambian posiciones no quieren decir exactamente lo mismo. El sufijo -wa (también el -ti) suele portar el énfasis primario de la oración y su emplazamiento obedece a sutilezas dictadas por la pragmática. No obstante, obviando estas sutilidades, los ejemplos presentados como equivalentes lo son y todas las oraciones son plenamente gramaticales.

A partir de lo visto podemos plantearnos que, si bien -wa parece tener un papel principal insoslayable en oraciones que traduciríamos al castellano con el verbo ser, vemos que otros sufijos participan de traducciones similares. De hecho, pareciera que los sufijos oracionales, cada uno con su sabor modal diferenciado, pudieran en general transitar por los predios copulativo-atributivos. Pero aquí no acaba el asunto, ya que si salimos de la tercera persona que hemos empleado en los ejemplos [3] – [7], veremos que los sufijos de flexión verbal tienen participación obligada en estas estructuras, normalmente junto a los sufijos ya vistos:

[8] (ay:) pallapalla.:.ta.ti
          policía.N>V.2p.INT
    (es:) ¿eres policía?
[9] (ay:) sa.lla, pallapalla.:.t.wa
          sí.MOD  policía.N>V.1p.VAL
    (es:) sí, soy policía
[10] (ay:) khiti.nk.ta.sa
           quién.de.2p.INT
     (es:) ¿de quién eres?

Digamos entonces que el “verbo ser” en aymara no es una sola cosa sino un ramillete de cosas y que por tanto es inútil tratar de particularizarlo en estructuras concretas. Incluso hablar de “verbo ser” parece una necesidad impuesta por la gramática del castellano, cuando verdaderamente la gramática aymara no pide tal cosa. No es una cuestión de nomenclatura, pues en castellano se puede particularizar y aislar una estructura copulativo-atributiva que tiene entidad y se plasma en la gramática con gran concreción. El aymara sin embargo no parece categorizar fuertemente algo similar, por tanto no solo es una pérdida de tiempo buscar un verbo copulativo sino una estructura concreta, tal como existe en castellano, a la que llamar copulativa.

A veces uno se pregunta qué causas llevan a los aymarólogos a perseguir no sólo el verbo ser, sino espejismos de igual calado como el artículo definido. Curiosamente estas “entidades” tienen un correlato básico en castellano más no en aymara. Me viene a la mente una palabra muy usada en estos días: colonización. Pareciera que algunos autores de gramáticas no fueran capaces de hacer de la aymara una gramática independiente, por sí y para sí. Antes se embarcan en búsquedas exóticas tratando de fijar algo que no es fijable en aymara y, lo que es peor, convirtiendo su gramática en una gramática subsidiaria de la castellana. Esto puede recibir justificaciones de todo tipo que no dejan de ser eso, pretextos. Corrientemente los normalistas (no todos, es cierto) sostienen que forzar estas categorías extrañas en la gramática es algo que viene impuesto por la necesidad de enseñar castellano como L2 a aymarahablantes en el campo o aymara como L2 a castellanohablantes en la ciudad. Esos son motivos para dar forma a un método de enseñanza (y aún pongo en duda la utilidad real de decir al alumno que hay un verbo ser en aymara, que después se descubre que no es un verbo) pero no para inspirar una gramática. Como nota curiosa, lingüistas extranjeros como Hardman no hacen una sola mención al verbo ser en sus gramáticas descriptivas. ¿Habrá que ser extranjero para sacarse de encima el peso del castellano?

Lo sigo diciendo: el aymara es un idioma sorprendente. Que no lo destruyan.

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18 respuestas a Verbo “ser” en aymara

  1. margarita dijo:

    muy bien lindo

  2. Mi parece muy bueno analizar el argumenta “kankaña” como verbo en Aymara, pero que opinion tiene de lo que es “Jaqïña”, que tambien significaria Jaqïña

  3. Hola me gustó mucho tu publicación. Estoy haciendo una tesis de lingüística tipológica, justamente sobre “Estructuras copulativas en lenguas indígenas de América”, por lo que me gustaría que por una lado, me dijeras cuál es tu fuente o cómo puedo citarte y por otro, me recomendaras más bibliografía acerca del tema en el tupax katari.

    ¡Muchas gracias!

    • A. Condori dijo:

      Saludos, Tania. Gracias por tu comentario.

      En realidad no necesitas citarme ya que lo que yo sostengo aquí no es nada que no sea ampliamente conocido. Es decir, no tengo el “mérito” de haber descubierto que el aymara carece del verbo ser (y del verbo tener, entre otros). Puedes echarle un vistazo al comentario 237 de este mismo blog donde doy la cita exacta al libro de Cerrón-Palomino. El Prof. Cerrón, andeanista y actualmente profesor de la PUCP, sostiene explícitamente que no existe un lexema verbal independiente equivalente al verbo copulativo ser del castellano. Martha Hardman, de la Universidad de Florida, no es explícita al respecto pero verás que en su obra Aymara: Compendio de estructura fonológica y gramatical no dedica ni una linea al paradigma del verbo ser ¿por qué? Porque es imposible describir el paradigma de un verbo que no existe.

  4. zacacho dijo:

    Kamisaki jilata Condori
    natakixa wali askiwa qillqatanakan ullañaxa. yanapt’itasma KUNAKITIX SUFIJUS UKANAKAMPI AMPI
    Bien el leer sus comenterios mi llena de sabiduria pero si e posible inetercambiar ideas sobre los sufijos con el pasasr de los tiempos me he dado cuinta que lo primero es conocer los pronombres luego los sufijos, tengo falencia en los sufijos que posibilidad hay de poer ayudarme en este senti te estare muy agradeciso

    yatichiri Zacacho

  5. juliku Yanarikuna dijo:

    Jisa aymar arux inaw jan chhaqkaniti, juk’ampiow taqpach pachakanakanas ukjçhamarak aka uraqpachas parlxapxani. Laqampunkir pacha khurix jaqinakas nayrapachax parlapxarakiritaynawa. kamisati Jesucristuytyr parliritayna: “Jiliriy… jiliriy… kunat amachtani o kamachtani”
    Pero, en estos años el idioma aymara es extirpado de la educación por un gobierno disfrazado indígena “Morales” (hijo o nieto de los patroncitos.

  6. Pingback: No hay verbo ser en aymara

  7. Eduardo Araya dijo:

    Estimado Amigo: Mas que interesante tú pagina Esta información la estaba necesitando
    Soy estudiante de antropología y me gustaría si me pudieras dar algún tipo de información con respecto a la existencia de la palabra “suicidio” en la lengua aymara. Por otro lado conociendo el proceso que ocurre luego de la muerte “natural” del sujeto aymara, ¿que pasaría y en que situación quedaría el que se quita la vida?
    Si me pudieras dar esta información o alguna orientación con respecto de este tema te lo agradecería mucho. Saludos cordiales.
    Pdta: Dejo mi correo ya que esta información se trabajara en una investigación como tesis de grado

    • A. Condori dijo:

      Estimado Eduardo, gracias por tu aportación. Siento no ser capaz de darte quizá el dato etnográfico que me pides pues desconozco cómo habrá sido el asunto de la muerte entre los aymaras chilenos. Con respecto a la palabra suicidio, ésta me parece muy culturalmente específica y por tanto es difícil que exista fuera de unas pocas lenguas. ¿Habrá habido suicidas aymaras? Sin duda, pero dudo que estos tuviesen un lexema específico para nombrar eso que llamamos suicidarse, de manera que habrán recurrido simplemente a la derivación y “se habrán matado”, verbo que podemos derivar a partir de la raiz jiwa- (es: morir), pasando por jiwaya- (es: matar) y finalmente jiwayasi- (es: matarse) que convertimos en infinitivo verbal en jiwayasiña, que es la forma con la que encontraría dicha entrada en un diccionario.

  8. Julio dijo:

    Ciertamente hay mucho que aprender. Saludar la iniciativa y felicitar a ud. y su equipo por el trabajo que realizan. En el tema que tratan soy ignorante (entendido como alguien que debiera saber de lo que se trata, pero no lo hace por varias razones). Sin embargo me llama la atención ciertas pautas presentadas por usted que se las transmito con todo respeto. Seguramente el aymara es un idioma riquísimo, es necesario defenderlo, protegerlo y expandirlo en lugar de que tienda a desaparecer. Soy boliviano, pero formado (¿instruido?) más bien en castellano (español) como un gran número de compatriotas sin haber tenido una oportunidad seria para aprender aymara o quechua durante el periodo de educación primaria, secundaria o universitaria. De todas maneras noto que para expresar de manera escrita el aymara, aún se utilizan “signos” occidentales: “w”, “a”, “y”, etc. que parecen más bien seguir forzando su desarrollo. Me gustaria entender por qué es así. En su escritura original ¿no se parecerá más bien al chino, al arabe o al hebreo?, es simplemente una pregunta y desearía se la tome así, para superar dudas.
    Por otra parte, es bueno que en sitios como este pudieran establecerse puentes con otras páginas que faciliten el aprendizaje del idioma tanto en escritura pero sobre todo en pronunciación de manera que quienes de algún modo deseamos aprender podamos tener varias oportunidades de acceder a su conocimiento. Sucede que diariamente, sobre todo en el transporte público, que encontramos muchas personas aymaroparlantes con quienes desearíamos comunicarnos, pero también se denota una actitud de “hablamos en aymara para que no nos entiendan” y no todos somos o tenemos esa actitud negativa hacia el idioma o las personas que lo hablan. Sugiero que se agoten todas las posibilidades para lograr que el idioma sea enseñado y aprendido evitando o quitando los obstáculos que impidan hacerlo. Un diccionario en este su sitio, sería de buena ayuda, al menos para comenzar el conocimiento. Muy agradecido por este tiempo.

    • A. Condori dijo:

      Estimado Julio, gracias por compartir su opinión. En primer lugar, usamos albafeto latino porque es una de las pocas cosas que el mayachata tiene estandarizadas para la lengua internacionalmente. Se trata de un consenso que dificilmente podria volver a lograrse y dañaríamos gravemente la lengua si se nos ocurriera cambiar y usar nuestros propios símbolos. Cualquier lengua que quiera sobrevivir debe dar seguridad a sus usuarios de que las reglas no van a cambiar de aquí a 5, 10, 20 años, así que nos limitamos a respetar el consenso sobre las grafías. Es cierto que existen alfabetos alternativos como el Yapita (bastante usado entonces por los lingüistas ligados históricamente a la Universidad de Florida) o el CALA (usado aún por los evangélicos) pero creo que, existiendo el Alfabeto Único, no tiene sentido socavar la credibilidad de la lengua usando otros. Es basicamente eso, cuestion de estabilidad y credibilidad.

      Si había una forma de escribir esta lengua u otras nativas, sea mediante tocapus, quipus u otros, se ha perdido o no hemos sido capaces de redescubrirla. En cualquier caso es muy posible que el aymara no haya tenido escritura en tiempos precolombinos. Nadie debe espantarse por esto, la mayoria de lenguas del mundo carecieron de escritura propia. Respecto a los tocapus, no sabemos qué eran. No parecen escritura pero sí podrían haber sido un embrión de la misma. Aquí tendríamos que jugar a ¿qué hubiera pasado si…? No parece el momento adecuado, con una lengua en un estado tan débil, entrar en estas disquisiciones más artísticas o estéticas que científicas. Lo que quiero decir es que, en estos momentos, es un alfabeto de base latina lo que más ayuda al aymara. Usted sabe que en muchas ocasiones no es fácil encontrar una computadora o una laptop con la letra ñ. Imagínese cómo podria ser la cosa si necesitáramos todo un teclado para un alfabeto 100% “propio”. Estaríamos condenando al aymara a que sólo unos cuantos lo escribieran y no podemos permitirnos eso ahora. Estaríamos levantando obstáculos injustificados a la difusión escrita de la lengua. Mi opinión es que ahora no es el momento de eso. Quizá más adelante lo que usted propone podría llegar a tener su momento. Incluso yo he postulado alguna vez una signografía no latina, pero siempre concibiéndola como escritura ceremonial (de hecho, un silabario), nunca de uso en periódicos, documentos, revistas, libros, etc… solamente en monumentos y cosas similares. Eche un vistazo, por ejemplo, a la escritura propia de una lengua nativa: el inuktitut canadiense. Con la mano en el pecho: ¿cree usted que dicha escritura ayuda a la difusion de la lengua? De momento, me situo en el lado pragmático.

      Gracias por dejar su comentario

  9. Q'urawiri dijo:

    Estimado don Alex,
    Walikiskthwa, jumasti? Walikirakisktati? La verdad es que, por cosas de la vida (el trabajo mas que todo) ya no puedo participar tanto en los foros aymaras como lo solia hacer antes. Sin embargo sigo muy interesado en el tema y espero poder viajar a Bolivia este año. Respecto a “kankaña” lei también que actualmente se lo entiende como “asar”, nada que ver con el ser entonces. En un articulo habia notado también que Bertonio usa “kankaña” dandole un matiz especial. Ejemplo: JANQ’U > blanco pero JANQ’U KANKAÑA > blancura! “Kankaña” significaria la “manifestacion”, el caracter efectivo del adjectivo con el que se relaciona. Otro ejemplo : QHAPAQA > rey o señor y QHAPAQA KANKAÑA > reino o señorio. Seguramente ya conocera Vd. el “Bertonio en linea” -> http://www.lenguandina.org/index_aymara.php

  10. Q'urawiri dijo:

    Kamisaraki don Alex,
    Y qué piensa Vd. del antiguo verbo “kankaña” registrado antaño por Ludovico Bertonio?

    • A. Condori dijo:

      Un saludo, Q’urawiri. Siempre es un gusto volver a sabe de Ud., aunque hace ya bastante tiempo que no tengo noticias. Espero que le vaya bien.
      Es cierto que a veces kankaña sale a colación cuando se toca este tema. Mi opinión es que kankaña no es actualmente productivo aunque sí podemos encontrarlo fosilizado en algunas expresiones. Incluso recuerdo un artículo de Eulogio C. Siñani donde éste trataba de desarrollar cierto léxico filosófico en aymara y -por supuesto- se valía de kankaña. Como le digo, si bien parece que hubo verbo ser en aymara, y con una raíz similar a la del quechua, como parece apuntar Cerrón, en la actualidad hemos perdido tal verbo.

  11. Estimado amigo, realmente el aymara es un bello idioma que nunca ha de perderse, todo lo contrario, ha de expandirse y darlo a conocer a todo el mundo. Es una obra de arte que todos deberíamos conocer.

    Como español (de nacimiento, no de corazón) de un lugar también con una lengua propia (de las mal llamadas minoritarias), el catalán, soy un defensor a ultranza de todos los idiomas “pequeños”, escondidos e historicamente maltratados.

    Le felicito.

    Precisamente, en la postal navideña interactiva que estamos preparando en nuestra empresa para nuestros clientes, allegados y familiares, queremos incorporar una canción o link en aymara, de preferencia un villancico, pero cualquier sonido que expanda la cultura tupax katari nos sería de mucha utilidad.

    ¿Pueden ayudarnos?

  12. A. Condori dijo:

    Lo del glosario es algo que estoy construyendo poco a poco. La seccion NOTAS trata de convertirse en eso que pides. Paciencia, todo llega.

  13. Amazilia dijo:

    Muy interesante. Podrias explicar un poco que son esos simbolos como VAL, NT, etc que usas para describir las expresiones, o poner un glosario central, para que se entienda mejor por no linguistas.

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